Pedirle las cosas a tu hijo por favor está bien. Le enseñas cortesía y le hablas como te gustaría que te hablaran a ti. El lío empieza cuando usamos el tono de un favor para algo que en realidad es un límite.

Un favor admite un no. «¿Me traes el cuento, por favor?». Si te dice que no, vas tú a por él y no pasa nada.

Un límite ya está decidido antes de que lo digas. «Nos vamos del parque, ¿vale?» suena a favor, así que tu hijo hace lo lógico y contesta que no. Ahí empiezan la negociación y la rabieta (la suya y la tuya).

En la crianza respetuosa, un límite es lo que haces tú como adulto. Tú acompañas ese enfado sin moverte del límite.

Antes de hablar, pregúntate: ¿aquí cabe un no? Si cabe, pídelo por favor. Si no cabe, dilo como lo que es.

Guarda este carrusel para la próxima vez que se te escape un «¿vale?», y compártelo con esa amiga que está en la misma etapa.

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